LA PRIMERA ENFERMERA ARGENTINA …UNA HEROÍNA DE LA PATRIA


LA ENFERMERIA TIENE CARA DE MUJER


En los años 60 había una telenovela que se llamaba “El amor tiene cara de Mujer” y yo diría que la enfermería también.
La enfermería tiene en su composición histórica tanto a hombres como a mujeres, pero porcentualmente las mujeres son importante mayoría por ello el mayor protagonismo de las mismas en la historia de la profesión.


Son muchas las que se referenciaron o hicieron aportes significativos en la profesión como la entrañable María Eugenia Álvarez que fuera la enfermera de Evita y quien se hiciera cargo de la Escuela de Enfermería de la Fundación Eva Perón.

O Rosa Pedrós un hito para la Escuela de Enfermería de la Universidad Nacional de Rosario, pero también para la Enfermería Argentina toda.

O Beatriz Morrone que con El libro “Soltando amarras” hace una invitación a las/os lectores a adentrarse en la historia de la enfermería.

O las olvidadas “Enfermeras de Malvinas” que estuvieron prestando servicios en el teatro de operaciones y debieron luchar para ser reconocidas como veteranas de guerra.

O tantas y tantos mas que hicieron su aporte y no nombramos por que no queremos olvidarnos de nadie.

LA VOCACION Y LA PROFESION

La enfermería era a mediados de siglo XlX la actividad que se dedicaba al cuidado y atención de enfermos y heridos, así como a otras tareas de asistencia sanitarias.

En esta profesión son muy importantes tanto lo Vocacional que nos habla de la animosidad de brindar esta asistencia vital al prójimo, como lo Profesional que implica dar esa asistencia desde una sistematización del conocimiento conceptual del área.

Siempre en la historia tuvo una impronta mayor lo vocacional hasta que con la publicación del libro «Notas de Enfermería» de Florence Nightingale en 18595 se sentó la base de la enfermería profesional.


LA POLÍTICA, LA VOCACION Y LA PROFESIÓN


Durante la Guerra de Crimea (1853-1856) destacó la valentía de Mary Seacole, una enfermera mestiza que abandonó su posición privilegiada en la sociedad y la seguridad de su hogar en Jamaica para fundar un pequeño hospital llamado «The British Hotel» en Sebastopol.

Pero lo que ha convertido a Mary en uno de los seres más extraordinarios de la Historia no fue solo por su gran contribución a la enfermería moderna, sino esa profunda humanidad y vocación de servicio que caracterizó a su persona, una mujer que se despojaría de todo lo que tenía para que el mundo fuera un lugar mejor. Porque muy a pesar de que las autoridades de la Oficina de Guerra habían rechazado su voluntariado en los hospitales militares británicos de Sebastopol -consideraban que los negros no merecían el gran honor de servir a los soldados de la nación-, decidió vender todo el patrimonio que tenía en Jamaica y Panamá para levantar un nosocomio en Crimea.

«Madre Seacole» -como así la llamaban los heridos- no abandonaría a aquellos desconocidos en el umbral de la muerte.

Mary no era una improvisada sino que ya había elaborado un protocolo sanitario con el que pudo combatir con éxito al cólera en Panamá.

Mary necesitaba un permiso, así como el respaldo de la Oficina de Guerra para ser destinada como voluntaria al lugar del conflicto.

Sin embargo las autoridades británicas rechazaron su iniciativa, en primer lugar por tratarse de una mujer y en segundo porque su «raza» no merecía el honor de cuidar a los soldados anónimos del Imperio.

Sin embargo después de menospreciar a la extranjera mestiza, otra destacada heroína llamada Florence Nightingale -más conocida como la «Dama de la Lámpara»- recibía la aprobación y la bendición de la Oficina de Guerra, para partir hacia Scutari junto a un equipo de 38 enfermeras.

Ambas tenían gran vocación y profesionalismo pero una fue discriminada la otra no.

Esta discriminación selectiva desde el centro del poder político-cultural del imperio colonialista británico también se da posteriormente después de la guerra donde la labor ,encomiable por cierto, de Florence Nightingale fue reconocida por el poder de las elites gobernantes mientras que la labor, también encomiable, de Mary Seacole fue ignorada y ella termino pobre en el olvido.

Este doble estándar se debe no solo al racismo vigente en ese momento en el imperio sino fundamentalmente a que las Elites de Poder construyen esos iconos de la historia en función de la valoración de aquellos que justifican culturalmente una relación de poder vigente.

Esta construcción histórica del Icono, del Prócer también se vio aquí en la Argentina en particular en la historia mitrista donde bajo la dicotomía sarmientina “civilización o barbarie” se endioso a algunos personajes históricos y se demonizo a otros.

Algo que los historiadores revisionistas revirtieron en 180 grados después. Es lógico ambos defendían modelos de país distintos por ello los villanos en un relato histórico eran los próceres en el otro.

Desde hace muchos años los argentinos sufrimos, entre otras cosas, una guerra cultural para la disolución de nuestros valores y el vaciamiento ideológico de los paradigmas ciudadanos que nuestra comunidad construyó durante los dos siglos que pasaron.

La educación de entonces ponía énfasis en difundir esas vidas y conductas dentro de la comunidad, al exaltar sus valores y virtudes que proyectaban la formación de las nuevas generaciones.

Manuel Belgrano sostenía que "honrar la virtud cívica es educar a los pueblos”. ¿Qué quería decir con esto? Que era responsabilidad del gobernante y la sociedad exaltar las conductas paradigmáticas, para establecer modelos sociales que sean ejemplo para los ciudadanos y pudieran pretender parecerse.

Por estas razones es importante rescatar a aquellos que intencionalmente fueron olvidados de la historia o quizás valorizados tardíamente en sus virtudes cívicas, los que hay que exaltar y revalorizar, como hay que hacerlo con la compatriota María de Remedios del Valle Rosas que fue una mujer excepcional que merece ser reconocida no solo como una valoración al aporte afroamericano al ser nacional sino también como mujer, soldado, heroína de la patria y Enfermera.


PRIMERA ENFERMERA ARGENTINA …“MADRE DE LA PATRIA”


María de Remedios del Valle Rosas es símbolo de valentía y patriotismo. Debemos recordar que era una mujer afrodescendiente que se desempeñó primero como enfermera y luego como Capitana, en las tropas comandadas por el General Manuel Belgrano.
¿Quién fue María Remedios del Valle?
María Remedios del Valle, mujer y afro, se destacó durante las segundas invasiones inglesas en la Defensa de Buenos Aires en 1807.
Junto a su familia se incorporó al ejército del Norte el 6 de julio de 1810 y actuó con heroísmo en las batallas de Huaqui, Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma.
Participó del glorioso Éxodo jujeño y expuso su vida como correo en el Alto Perú.

El general Manuel Belgrano la nombró simbólicamente Capitana del Ejército del Norte por su valioso aporte militar y humanitario auxiliando heridos durante las batallas libradas en esa primera etapa de la Guerra de la Independencia.

Tal fue su arrojo y valentía que la propia tropa la llamó también “Madre de la Patria”.

María Remedios perdió a su marido y a sus hijos bajo las balas enemigas en la Batalla de Tucumán.

Tras la derrota en el campo de batalla en Ayohuma, cayó María Remedios en manos españolas y, con heridas de bala en su cuerpo, fue azotada en público durante nueve días.
Sin embargo, sobrevivió al castigo y burló el cerco, alistándose nuevamente para volver a luchar por la independencia, y convirtiéndose en ejemplo de entrega y patriotismo. Siete veces estuvo en capilla, a punto de ser ejecutada por el enemigo.

Al terminar la guerra de la independencia, Remedios del Valle fue olvidada. Sobrevivió como pudo, vendiendo pasteles y tortas fritas, mendigando en atrios de las iglesias de Buenos Aires.

En 1826 un abogado, que creyó en su historia, formuló una petición para que se le reconociera la pensión que le correspondía, pero fue denegada por el Ministro de Guerra aduciendo que no tenía presupuesto y que debía dirigirse a la Legislatura.

En agosto de 1827, fue encontrada mendigando en la Recova, actual Plaza de Mayo, por el general Juan José Viamonte, quien la instó a que presentara un pedido de pensión a raíz del cual, el 11 de octubre de 1827, los diputados de la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires dijeron de ella: “Es una heroína”, “una infeliz que si no fuese por su condición se habría hecho célebre en todo el mundo”, “una mujer de mérito que no merece que olviden sus servicios”.
A pesar de todo, le denegaron el pedido por entender que no correspondía a la Provincia.

Siendo Vicepresidente de la Legislatura, el General Viamonte insistió en el pedido y, tras varias vicisitudes, finalmente el 18 de julio de 1828 se le concedió a María Remedios una pequeña pensión.

Dos años después, Juan Manuel de Rosas la promueve a Sargento Mayor y de esa manera recibe un aumento sustancial en su pensión y parte del reconocimiento que merecía.
En agradecimiento, María Remedios cambia su apellido por el de Rosas o Valle Rosas, como es llamada desde entonces.

María Remedios del Valle Rosas falleció el 8 de noviembre de 1847.

La narrativa histórica, sin embargo, no le ha dado hasta ahora el lugar que se merece: junto aquellos héroes y heroínas comprometidos, valientes y generosos, que han puesto su vida entera al servicio de la Patria.
Como expresa Eduardo Galeano, “la historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue y contra lo que fue, anuncia lo que será” por ello y por lo que expresara Manuel Belgrano que "honrar la virtud cívica es educar a los pueblos” es que María Remedios del Valle Rosas debe ser rescatada de la desvalorización historica y puesta en el sitial que le corresponde.

La Enfermería Argentina, una profesión con una gran vocación, una profesión que está demostrando estoicamente en esta coyuntura el valor de sus integrantes y su entrega al prójimo más allá del cumplimiento del deber debería hacer una acto de justicia historica y rescatar a María Remedios del Valle Rosas como su icono fundacional.

Esto sería un doble acto de justicia histórica, a la memoria de esta prócer y a tan noble profesión.

A.R.

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